La sección de esta semana lleva el nombre de Sara, la primer matriarca del pueblo hebreo, y la misma comienza relatándonos los años de su vida e inmediatamente nos menciona su fallecimiento. En el resto de la parashá no se vuelve a mencionar nada de la vida de nuestra matriarca, sólo se explica en el primer capítulo la búsqueda que hizo Abraham para encontrar un lugar donde enterrarla, y luego todo el relato se apoya en la búsqueda de una mujer para Itzjak, hijo de Sara y de Abraham.

Es interesante observar la conexión que tiene Sara con Rivka, aquella mujer que será la destinada a la vida de Itzjak, y de la cual la parashá anterior ya nos adelantaba que era del linaje de la familia de Abraham Avinu.

El gran cambio en la vida de Rivka llegó de forma inesperada, un día normal como cualquier otro. Vivía en Mesopotamia, en la ciudad de Harán o cerca de ella. Su familia no era como la gente de Harán, que adoraban a Sin, el "dios-luna". Su Di-s era Hashem (Bereshit 24:50).

 

Rivka era una muchacha muy atractiva, pero no se trataba solo de una cara bonita, estaba llena de vida y se había mantenido moralmente pura. Aunque su familia era adinerada y tenían sirvientes, ella no era una niña mimada ni la trataban como a una princesa; le habían enseñado a trabajar duro. Al igual que muchas mujeres de su época, se encargaba de algunas tareas pesadas en el hogar. Por ejemplo, al caer la tarde, iba al pozo cargada con un cántaro sobre los hombros a buscar agua para la familia (Bereshit 24:11, 15, 16).

 

En una de estas ocasiones, después de llenar su recipiente, se le acercó corriendo un hombre mayor que le dijo: "Por favor dame de tomar un poco de aguar de tu cántaro". Rivka vio que el hombre había llegado con una manada de 10 camellos y que no había agua en el bebedero. Se dio cuenta de que la observaba atentamente y quiso ser generosa con él. Le dijo: "También para tus camellos sacaré agua hasta que acaben de beber" (Bereshit 24:17-19).

Seguro que Rivka se dio cuenta de que aquel hombre la observaba. No había nada malo en aquella mirada; más bien, indicaba que estaba sorprendido, maravillado y feliz. Cuando ella acabó, el hombre le regaló unas joyas valiosas y le preguntó: "¿De quién eres hija? Infórmame, por favor. ¿Hay lugar en casa de tu padre para que pasemos la noche?". Cuando le dijo a qué familia pertenecía, él se puso aún más contento. Y ella agregó, quizás llevada por el entusiasmo: "Hay con nosotros paja, así como también mucho forraje, también lugar donde pasar la noche". Esa era una propuesta muy generosa, ya que habían más personas viajando con el hombre. Por eso, la joven fue corriendo a casa de su madre a contar lo sucedido (Bereshit 24:22-28).

Rivka era trabajadora y hospitalaria. Hoy en día podemos aprender buenas lecciones del ejemplo de Rivka, ya que vivimos en una época en la que nadie piensa en el prójimo, las personas son egoístas y no están dispuestas a sacrificarse por los demás. No hay duda de que había aprendido en su casa a ser hospitalaria. Esta es otra buena costumbre que se está perdiendo y otra razón más para imitar de esta amable muchacha; cuando mostramos hospitalidad, especialmente a quienes no nos lo pueden pagar de ningún modo, estamos cerrando una brecha, estamos logrando conectarnos con el otro y contagiar el cómo convivir.

Pero volviendo a su relación con Sara, el midrash nos cuenta que mientras Sara estaba con vida, una nube de honor estaba sobre su tienda constantemente (señal de pureza), una vela ardía en su hogar desde la víspera del Shabat hasta la víspera del Shabat siguiente, y había bendición en su masa pues esta se incrementaba milagrosamente (Gur Arié, Jayé Sará 24:67). Cuando ella muere, todo esto cesó, pero con la llegada de Rivka esos milagros se reanudaron.

Además, podemos observar que Sara y su hijo tenían una relación de mucho apego, pues en primera medida el deseo de ser madre la había llevado a ser su protectora, pues leíamos, en la parashá anterior, al ver que Ishmael no era buena influencia para Itzjak, le pide a Abraham que lo aleje de su casa. Y por otro lado, en el final de esta parashá, cuando nos dice que Itzjak, recién cuando conoció a Rivka, encontró el consuelo por la muerte de su madre. El amor es su consuelo y el amor es su guía, y no es casual que el texto nos hace énfasis en esto: "Entonces Itzjak la trajo a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rivka y ella fue su mujer, y la amó. Así se consoló Itzjak después de la muerte de su madre" (Bereshit 24:67).