hazinuEl capítulo de Haazinu tiene 52 versículos. Según la sabiduría de la Kabbalah, el número 52 está relacionado con el reino físico de Maljut. 52 es también dos veces el valor numérico del Tetragrámaton (Yud, Hei, Vav y Hei), 26 x 2 = 52, lo cual revela otro secreto: Haazinu nos muestra que nuestro mundo es un espejo de los Mundos Superiores. Si amamos, veremos amor; si odiamos, veremos odio; si hacemos acciones positivas, sólo reconocemos lo positivo en los demás.

Aún conmovidos por la experiencia de Iom Kipur, con nuestros cuerpos cansados y nuestras almas expectantes, nos volvemos a reunir para Shabat, en este Shabat Haazinu. Un texto particular para un día particular. Me atrevería a decir que son días en los que sentimos que ya no quedan palabras para decir. Hemos rezado en comunidad, nos hemos confesado, nos encontramos con palabras que nos gustaron y con imágenes que preferimos olvidar. Ya hubo mucho texto en estos diez días que acaban de concluir. Y al día siguiente, el desafío de seguir escuchando: "Haazinu", ¡escuchad!

"Presten oídos, oh cielos, y hablaré; y que la tierra escuche las palabras de mi boca" (Devarim 32:1).

A primera vista esta parece ser una orden sumamente presuntuosa. ¿Quién es Moshé para decirles a los cielos y a la tierra que presten atención a lo que él va a decir? Nuestros Sabios nos enseñan que esta no sólo es una forma poética de hablar para hacer más dramático el mensaje. Moshé designó a los cielos y a la tierra para que fueran testigos del Pacto entre Di-s e Israel, de forma tal que estén autorizados para actuar en base a su testimonio. Si tienen buenas cosas para decir, entonces pueden proceder a alabar a Israel y si fueron testigos de serias violaciones, entonces su deber es "lanzar la primera piedra" (Devarim 17:7).

Todo el mundo se relaciona con la idea de la plegaria de una u otra forma. Cada uno puede tener sus creencias y pese a que no hay nada en la naturaleza que confirme la noción de que Di-s escucha las plegarias o que juzga el accionar humano, tampoco hay nada que contradiga estas proposiciones. Pero Moshé no estaba rezando. Él no dirigió sus palabras a Di-s, sino que estaba exponiendo la idea de que él, un mero mortal, poseía el poder de reajustar la realidad y "ordenarle" a la naturaleza que responda sobre el estatus del Pacto de Israel con Di-s. Desde ese momento en adelante el comportamiento de los cielos y la tierra reflejaría automáticamente el nivel de observancia del Pacto.

No sólo Moshé comenzó a hablar con el pueblo acompañado de estos “testigos”, sino que también el profeta Isaías comenzó su libro utilizando términos similares. Sin embargo, al leer las palabras del profeta Ieshaiahu nos damos cuenta de una pequeña diferencia, ya que Ieshaiahu invirtió las palabras de su antecesor Moshé al decir:

"Escuchen cielos y presta oídos tierra, pues Di-s ha hablado" (Isaías 1:2).

¿A qué se debe este cambio? Muchos de los comentaristas de la Torá intentaron ofrecer una respuesta, pero nos quedamos con una interpretación que ha sido ofrecida por Rabí Iosef Bejor Shor (1140 – 1190) en sus explicaciones de la Torá.

Dice nuestro autor que la diferencia entre estos dos versículos está basada en el lugar geográfico en el cual se encontraba cada uno de los dos profetas: Moshé e Ieshaiahu. El verbo lehaazín (que traducimos como: “prestar oídos”) denota la idea de escuchar algo que se está diciendo desde un lugar lejano, y por lo tanto el oyente debe esforzarse para escuchar claramente el contenido del mensaje (como alguien que necesita colocar su mano sobre su oreja para concentrar mejor los sonidos). Pero el verbo lishmoa (que traducimos como: “escuchar”), denota la acción simple de oír lo que se está diciendo, sin ningún esfuerzo especial por parte del oyente.

Moshé Rabenu le dijo a los cielos: “presten oídos”, pues en ese momento él estaba hablando desde la tierra, y los cielos se encontraban lejanos a él. Sin embargo, cuando le habló a la tierra no necesitó utilizar este verbo, y alcanzó con que le diga a ella: “escucha”, pues ella estaba cercana a él.

Pero el profeta Ieshaiahu no estaba profetizando por sí mismo, sino que él estaba hablando en nombre de Di-s, que Su Divinidad reside en los cielos, y es por eso que a los cielos les dijo: “escuchen”, porque estaban cerca de él, mas a la tierra – que estaba lejos – necesitó decirle: “presta oídos”.

Dice el Bejor Shor que de aquí nosotros podemos aprender una importante norma de buena conducta, pues quien escucha algo de alguien que está lejano a él, no debe contentarse simplemente con escuchar, sino que a causa de su distanciamiento, él tendrá que esforzarse para escuchar bien y claro el mensaje.

A pesar de que a muchas personas les pueda resultar extraña y lejana a su entendimiento y a su forma de pensar toda la rica herencia que tiene guardado para ellos el judaísmo, precisamente por esa razón es que ellos deben “prestar oídos” y hacer el más grande de los esfuerzos para entender claramente el mensaje que ellos deben y necesitan recibir, pues nadie que está alejado podrá percibir nítidamente el contenido de nuestra Sagrada Torá si no pone todo de sí para hacerlo.

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