Salir a buscar

El shabat de esta semana es denominado Shabat Shuvá, el shabat del retorno o arrepentimiento. Se lo llama así pues la Haftará que en él leemos comienza con las palabras del profeta Isaías, Shuva Israel, literalmente, “Retorna Israel”. Es el shabat que está entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, justamente durante los Aseret iemei teshuvá, los diez días de arrepentimiento.

Estos días nos invitan a repasar nuestras acciones durante el año que acaba de terminar. Tenemos una gran oportunidad para hacer una introspección honesta y sin engaños, para mirarnos al espejo y reconocernos falibles. Si somos valientes y logramos identificar nuestros conflictos, podremos arrepentirnos sinceramente y pedir perdón, a los demás y a nosotros mismos. Nuestra tradición nos regala la bendita posibilidad de comenzar el año renovados, sin tantas culpas sobre nuestra espalda, sin tantos problemas por resolver.

Estos “días terribles” (los Iamim noraím, como también son llamados), y este shabat en particular, constituyen una suerte de preparación espiritual para el día de Iom Kipur, el más sagrado del año judío. Este “entrenamiento del espíritu” nos ayuda a recibir el Día del Perdón de la mejor manera, dispuestos a perdonar y aceptar el perdón.

 

No es menos cierto que, en estos días, también las sinagogas se preparan para recibir a mucha gente que no suele frecuentarlas durante el resto del año. Gente sedienta de mantener la tradición familiar, de rencontrarse con sus raíces, de renovar su compromiso con la propia identidad judía o simplemente con deseos de cumplir con su “cuota de judeidad anual”. Ante tanta afluencia, las sinagogas se preparan para recibir a toda esa gente, ya sea con actividades especiales, poniendo más sillas que de costumbre, utilizando un salón más grande, etc.

Sobre este punto de esperar recibir a más hermanos y hermanas en las sinagogas, vale la pena detenerse en el versículo que abre la parashá de la semana, Vaiélej. Dice la Torá: “Y fue Moshé y habló estas palabras a todo Israel” (Devarim 31:1). La pregunta para el lector atento es ¿adónde fue Moshé? La Torá simplemente podría haber comenzado relatando que Moshé le habló al pueblo de Israel, como tantas otras veces… ¿por qué decirnos que él fue a algún lugar?

Pero hay más: en la parashá pasada (Nitzavim… aunque en realidad la convocatoria figura al final de Parashat Ki Tavó), Moshé había reunido a todo el pueblo de Israel para darle uno de sus más importantes discursos. ¿Por qué, entonces, los dejó ir a sus tiendas, solo para luego él mismo dirigirse hacia ellos?

Responde Najmánides en su comentario al primer versículo de nuestra parashá, que Moshé dejó al pueblo regresar a familias, mas después él fue a visitarlos a su campamento para despedirse de ellos, ya que su hora final se acercaba. Moshé terminó de comunicar al pueblo de Israel las responsabilidades que debían observar y el pacto que debía seguir, para luego dedicarse a despedirse y preocuparse por afirmar en su nuevo cargo a Ioshúa, su sucesor.

Mientras que para comunicar al pueblo sus obligaciones acostumbraba Moshé a convocarlo, para despedirse y transmitir un mensaje más personal, Moshé comprende que debía acercarse al pueblo personalmente, despojado de todo falso honor y soberbia, caminando él hacia ellos, y no esperando que ellos se acercaran a él.

En estos días, en que el pueblo de Israel se acerca a las sinagogas convocado por el (a veces débil) lazo que lo mantiene unido a la tradición judía, creo que es una buena idea intentar imitar el ejemplo de Moshé. En lugar de decir, o escuchar asintiendo, frases como “el que quiere venir, va a venir”, “esa gente nunca viene” o “todo el mundo sabe dónde estamos y cuándo nos reunimos”, aquellos que tenemos posiciones de liderazgo en la comunidad judía deberíamos más frecuentemente salir a buscar a la gente, tal y como lo hiciera Moshé.

Muchos están allí afuera, esperando que nos acerquemos con un mensaje relevante, mientras que muchos otros ni siquiera saben bien qué es lo que desean escuchar, mas sin embargo esperan por nosotros. Está muy bien invertir grandes recursos y esfuerzos en desarrollar magníficos programas de educación judía, esforzarnos por brindar espacios de estudio y espiritualidad a la altura de nuestros congregantes, personas inteligentes y educadas. Sin embargo, líderes, dirigentes y educadores judíos (muchos de los cuales, sospecho, son los que leen estos comentarios), a veces fallamos en lo más elemental, que es salir literalmente de nuestras instituciones y acercarnos a quien está “allí afuera”, para que venga y participe.

Shabat Shuvá suele regalarnos ese contraste entre la asistencia masiva en Rosh Hashaná y Iom Kipur, y la generalmente escasa concurrencia durante este shabat del retorno, un hecho que a muchos de nosotros nos causa una mezcla de desengaño y perplejidad. Quizás entonces sea un buen momento para reflexionar acerca de la necesidad de, cada tanto, salir en busca de aquellos hermanos y hermanas judíos que, por una u otra razón, no encuentran un espacio adecuado para desarrollar su identidad judía, con la intensidad necesaria para mantenerla viva y hacerla florecer. Si Moshé, quien convocaba multitudes, fue capaz de hacerlo, seguro que nosotros también podemos.

Shabat shalom, gmar jatimá tová,

Rabino Rami Pavolotzky

Congregación B´nei Israel, Costa Rica