"Esto es lo que ofreceréis en el Altar: dos ovejas dentro de su primer año, todos los días (lit. al día), continuamente" (Shmot 29:38)

Hay momentos en la vida en que todo parece estar bañado del resplandor rosado del sol de la mañana. La vida está llena de promesas y optimismo. Pero hay otras veces en que todo parece nublado y oscuro, y las tinieblas y la incertidumbre están al acecho.

Al describir la mitzvá de la ofrenda diaria, la Torá emplea una construcción gramatical inusual. En lugar de decir baiom, de día, prefiere decir, laiom, al día. A partir de esta anomalía, aprendemos una ley: el sacrificio de la ofrenda diaria debía hacerse a la luz directa del sol.

La ofrenda matutina debía sacrificarse en la parte occidental del patio, para que el muro oriental no tapara los rayos del sol naciente. Y la ofrenda de la tarde debía sacrificarse en la parte oriental del patio, para que el muro occidental no tapara los rayos del sol poniente.

Ahora, que ya no gozamos de la cercanía a Hashem que nos ofrecía el servicio del Beit ha Mikdash, tenemos, en cambio, el servicio del corazón: el rezo. Cualquiera sea la luz que brille en nuestras vidas, tanto sean los rayos optimistas del sol naciente, o el crepúsculo vacilante del atardecer, debemos tomar esa luz y hacer que ilumine nuestros corazones para que sirvamos a Hashem.

Basado en Rashi