El fuerte en manos del débil

La mayoría de los años, el Shabat en que se lee la parashá Miketz coincide con la fiesta de Janucá. Por esa razón, decenas de comentaristas establecieron vínculos entre Miketz y la festividad. Pero podemos encontrar una conexión muy simple: la actitud de Iosef ante el éxito.

Leemos que felizmente Iosef fue liberado de la cárcel, donde estaba por un crimen que no había cometido (supuestamente por haber seducido a la esposa de Potifar). Iosef fue sacado de la cárcel para interpretar un sueño del faraón después de haber interpretado con éxito los sueños del ministro de copas y del ministro de panaderos del faraón. La narrativa continúa:

El faraón le dijo a Iosef: "He soñado un sueño pero no hay quien lo interprete. He oído decir de ti que tú comprendes un sueño para interpretarlo". Iosef le respondió al faraón: "No procede de mí, Dios será quien responda [sobre] el bienestar del faraón" (Génesis 41:15-16)

 

¡Realmente sorprendente! Iosef tiene la oportunidad de recibir mucho poder. Está frente al rey de Egipto, la superpotencia mundial de ese entonces. ¡Y ese rey súper poderoso lo necesita! Iosef podría haberle pedido virtualmente lo que quisiera. Sin embargo, arriesgó todo para no ocultar la verdad respecto al apoyo y la guía de Dios. El faraón fácilmente podría haber reaccionado diciendo: "Muy bien, si no eres tú sino Dios quien puede interpretar mi sueño, entonces vuelve a la cárcel". Es cierto, el faraón no reaccionó de esta manera, pero Iosef no tenía forma de saberlo por anticipado. Iosef quería darle el crédito a Dios, particularmente ante la superpotencia mundial, para difundir el poder y la sabiduría Divina, incluso si hacerlo implicaba arriesgarse a ser enviado nuevamente a prisión sin recibir ningún reconocimiento ni beneficio de parte del faraón.

Esta actitud de Iosef fue exactamente la misma que tuvieron Matitiahu y los jashmonaim, conocidos también como los macabeos, durante la época de la victoria de Janucá. Ellos fácilmente hubieran podido ver su imposible victoria militar sobre los griegos como un reflejo de su propio poder y de su brillante estrategia. ¿Acaso un grandioso ejército norteamericano no perdió contra un grupo de guerrilleros en Vietnam?

Pero los macabeos entendieron la verdadera fuente de su fortaleza y de su éxito militar. Ellos no reaccionaron fijando un desfile anual para recordar la victoria, donde mostrarían sus armas de última tecnología. En cambio, establecieron la festividad de Janucá. Encendieron la Menorá, que publicita el control de Dios sobre el mundo (a través del milagro de que el aceite durara 8 días) y que sólo Dios pudo hacer que ellos derrotaran a los griegos en la batalla.

Esto queda reflejado en la plegaria de Al hanisim, que agregamos en el Shemoná esré que decimos tres veces al día durante Janucá. La plegaria describe los milagros de la guerra frente a los griegos. No habla sobre nuestra fortaleza y poder, sino que nos describe como débiles frente a un poderoso ejército. Dios entregó a los guiborim beiad jalashim (a los fuertes en manos de los débiles). Terminamos esta plegaria declarando que el único propósito de Janucá es que le agradezcamos a Dios y lo alabemos: lehodot ulehalel leShimjá hagadol, expresar agradecimiento y alabar Tu gran Nombre.
No sólo derrotamos a los griegos en la batalla física de Janucá, sino que también los derrotamos espiritualmente. La filosofía griega resaltaba el poder y la sabiduría del hombre, y por eso deseaban tanto derrotar a los judíos. En otras partes, el invasor griego era amable con sus nuevos ciudadanos. Quería mostrar sus avances y pregonar sus ideas sobre la supremacía del hombre con la ciencia, los deportes, las estatuas. Sin embargo, en el judío, el griego vio a un pueblo que no estaba interesado en atribuirse el éxito a sí mismo, ni en adorar al hombre, sino que sólo quería adorar y agradecerle a Dios.

Los griegos no pudieron tolerar esta perspectiva de vida porque amenazaba la filosofía de su existencia. En consecuencia, decidieron eliminar al judío y a su sistema de valores.

Por lo tanto, Janucá no celebra el coraje de quienes se resistieron a los tiranos ni el poder del ejército judío. Celebra a Dios y a Su dedicación para ayudar al pueblo judío en contra de sus enemigos. Celebra la derrota de la civilización griega que deseó eliminar la palabra Dios de todos los diccionarios del mundo.

Durante nuestra crisis nacional en contra de terroristas suicidas, no olvidemos que una vez más debemos rezar y confiar en Dios. Necesitamos rápidamente una victoria sobre nuestros enemigos, para que ya no haya llantos de huérfanos ni más sangre derramada.
Dios puede ayudarnos, tal como lo hizo en el tiempo de Janucá. Debemos clamar continuamente e implorarle a Dios que nos envíe Su ayuda y protección.

Fuente Aish Latino Rav Baruj Leff