Los Diez Mandamientos - Aseret Hadibrot - constituyen una base ético-social para el cumplimiento de los otros mandamientos, ya que una persona que trabaja la idolatría o no cree en la existencia del Todopoderoso no va a observar la colocación de los Tefilin ni a tomar las Cuatro Especies en Sucot. Además de las mitzvot entre el hombre y el hombre presentadas, ya que una persona no puede observar correctamente los otros mandamientos mencionados en la Torá en la sociedad en la que se produce el asesinato, la destrucción de la unidad familiar, la distorsión del sistema de justicia al dar falso testimonio.

Shabbat Shalom

 

Pensar bien ahora, evita la vergüenza después.

"Y dijo Yosef a sus hermanos: Yo soy Yosef! ¿Vive mi padre todavía? Mas sus hermanos no podían responderle, porque estaban turbados delante de él." (Génesis 45;3)

En el Midrash encontramos el siguiente comentario referente a este versículo: "Aba Cohen Bardela (un sabio) decía: pobre de nosotros por el día del juicio (celestial), pobre de nosotros por el día del reproche, si Bilam el sabio de los pueblos no pudo resistir ante el reproche de su burra y los hermanos de Yosef no pudieron pararse ante la reclamación de su hermano menor, menos nosotros podremos defendernos ante el juicio de D´s".

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Rectificación: el aprecio verdadero

Puesto que el odio es el resultado de la incomprensión, una falta de apreciación y entendimiento del verdadero ser del otro, su rectificación debe venir a través de un verdadero conocimiento y apreciación.

En nuestra sección semanal, el primer contacto de Iosef con sus hermanos después de veintidós (22) años de separación se describe así:

"Iosef vio a sus hermanos y los reconoció, pero él se hizo extraño a ellos y les habló con dureza… y Iosef reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron" (Ber. 42:7-8).

El hecho de que Iosef reconoció a sus hermanos fue el principio de la rectificación. Incluso si Iosef erró el tiro cuando habló mal de sus hermanos a Iaacov hace tantos años, ahora los reconoció y apreció como debía y poco a poco los educó para que lo aprecien a él también. En efecto, se vuelve claro que hay un tipo de apreciación profunda, que es más profunda que el simple reconocimiento superficial.

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Nuevamente nos toca analizar el controvertido suceso de la venta de Iosef, el hijo menos, el amado de Iaakov, por medio de sus hermanos.

La Torá cuenta que uno de los hermanos, Reubén, el primogénito, y como responsable por la integridad de cada uno de sus hermanos y, ultimadamente también por la integridad de su padre Iaakov, decide poner en práctica una estrategia para salvarlo del decreto capital:

"Y lo vieron de lejos, y antes de que se aproximara a ellos se confabularon a matarlo. Y dijeron un hombre a su hermano: “He aquí que viene el soñador. Vamos ahora a matarlo, y arrojémoslo a un pozo y digamos que una fiera lo devoró, y veamos que será de sus sueños”. Y escuchó Reubén, y lo salvó de sus manos, y les dijo: “No matemos a un hombre”. Y les dijo Reubén: “No derramen sangre, arrójenlo a este pozo que está en el desierto, pero no levanten su mano sobre él”, con intención de rescatarlo de sus manos y retornarlo a su padre". (Bereshit 37, 20-22)

Si nos ponemos a ver, en realidad, Reubén no logró salvar a su hermano, ya que finalmente Iosef fue vendido, y así no pudo materializar su intención de regresarlo a las manos de su padre.

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Dice la Torá:

וַיִּוָּתֵ֥ר יַעֲקֹ֖ב לְבַדּ֑וֹ וַיֵּאָבֵ֥ק אִישׁ֙ עִמּ֔וֹ עַ֖ד עֲל֥וֹת הַשָּֽׁחַר׃

"Y se quedó Iaakov solo, y luchó un hombre con él hasta que rompió el alba. - Vayivater Ya'akov levado vaye'avek ish imo ad alot hashachar." (Bereshit 32:25)

"Y se quedó Iaakov solo". El texto hebreo dice levadó, cuya traducción literal es solo consigo mismo. La diferencia entre solo, levad (לבד), y levadó (לבדו) es la letra hebrea vav (ו), cuya característica es unir y/o dar acceso a otra realidad.

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