En el judaísmo, el matrimonio es una institución sagrada en la cual la pareja unida pasa a colaborar en la creación divina.

Se implantó en el judaísmo la obligación de casarse, formar un hogar y vivir en familia ya que esto se deduce de la Torá:

"...Y los bendijo (a los hombres) y les dijo Di-s: Sed fecundos y multiplicaos..." Génesis 1:28

"...Y dijo el Señor Di-s: No es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda idónea para él..."  Génesis 2:18

"...Por tanto dejará el hombre a su padre y su madre y se unirá a una mujer..."  Génesis 2:24

El matrimonio se disuelve con la muerte o por el divorcio (GUET).

En el caso del divorcio, la tradición no lo facilita hasta ultimar todas las posibilidades de una armonía en la vida familiar.

La ceremonia matrimonial consiste en la consagración de cada miembro de la pareja al otro.  La novia es consagrada al novio al colocarle éste el anillo a la vez que dice: "Harei at mekudeshet li, betabáat zo, kedat Moshe ve Israel" (He aquí que tú eres prometida (santificada) a mí, con este anillo, según la Ley de Moshé y de Israel).

Luego la novia consagra a su marido con la frase "Aní ledodí vedodí li" (Yo soy de mi amado y mi amado es mío).

Esta parte exige la presencia de dos testigos.  Luego, se lee la KETUBA, que es el documento que establece las obligaciones de los novios en su futura vida conyugal.  El jazán recita las siete bendiciones, en que se invoca la bendición divina sobre los novios para que ellos sean un elemento de continuidad y renovación de la humanidad y un pilar en el que se apoye y renueve el judaísmo.

Finalmente el novio rompe una copa recordando la destrucción del Templo.

Toda la ceremonia se realiza bajo la JUPA y ambos novios son envueltos por el Talit en la bendición final.

Fuente: "Preparando mi Bar/t Mitzvá". Comunidad Santiago de Chile